4.5. La Independencia del Magreb.




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Marruecos y Túnez eran dos protectorados, bajo control esencialmente de Francia, donde subsistía la ficción de un gobierno indígena y unos soberanos locales, el sultán de Marruecos y el bey de Túnez. En ambos países existían movimientos nacionalistas (el Istiqlal, en Marruecos y el neo Destur, en Túnez) que se oponían al dominio francés y que organizaron grupos armados.

Después de un período de represión, y ante el aumento de la rebelión, Francia inició negociaciones con los poderes locales a fin de acordar la independencia. La presencia y los intereses de la metrópolis eran reducidos y había, además, una élite indígena con la que se podía negociar la independencia. Así, en marzo de 1956 se proclamó la independencia de Marruecos, y el sultán se convirtió en el rey Mohammed V. Un año más tarde, accedió a la independencia Túnez, y poco después el líder nacionalista Habib ben Burguiba expulsó al bey y proclamó la República de Túnez, de la cual fue su primer presidente.

España también se vio implicada en el proceso de descolonización africano. Poseía cuatro territorios coloniales en África: Ifni, Sahara Occidental, Guinea Ecuatorial y el Norte de Marruecos (Rif). En 1956, España aceptó que el Rif se incorporara al nuevo reino de Marruecos y, en 1969, le entregó Ifni. Un año antes había accedido a la independencia de Guinea Ecuatorial (1968) El Sahara continuó vinculado a España hasta 1975, en que fue cedido a Marruecos y a Mauritania, que poco después renunció a su dominio. Este hecho tuvo la oposición del Frente Polisario, que proclamó la República Árabe Saharaui Democrática e inició una guerra con Marruecos para conseguir la independencia de su territorio. En la actualidad el conflicto sigue todavía abierto.

El caso de Argelia fue muy diferente. La colonia era administrada directamente por Francia y constituía un importante territorio agrícola poblado por un buen número de franceses. En octubre de 1954, un grupo de nacionalistas, encabezados por Ben Bella, fundaron el Frente de Liberación Nacional (FLN), que inició una insurrección en noviembre del mismo año. Tras el desastre de Indochina, Francia no quería perder otra guerra colonial y envió un fuerte contingente de tropas a Argelia. Pero la guerra resultó muy cara, la opinión pública mundial se volvió en su contra y muchos intelectuales franceses, como Jean – Paul Sartre, criticaron públicamente los métodos represivos empleados. El conflicto argelino provocó una grave crisis política en Francia, que llevó al poder, en 1958, al general De Gaulle quien optó por dar un giro radical a la situación y reconocer el derecho a la autodeterminación del pueblo argelino (1959).

La población francesa de la colonia, tanto civil como militar, se sintió traicionada por el gobierno de París y se rebeló en dos ocasiones (enero de 1960 y abril de 1961). La insurrección de los franceses de Argelia fue rápidamente sofocada y se concedió la independencia a Argelia, corroborada por un referéndum en la metrópoli (el 90% de la población francesa votó afirmativamente). En julio de 1962 se proclamó la República Popular y Democrática de Argelia, presidida por Ben Bella, quien implantó un régimen con rasgos socializantes.


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